El Aire es el elemento más insustancial. Nos da vida con cada inhalación. Está dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Proporciona al cielo sus colores azules, blancos y grises, y pinta el atardecer de tonalidades llameantes. Extiende su suave manto alrededor de la Tierra, destilando la aspereza del Sol en luz, brillo y calor.

El aire es invisible, pero vemos su movimiento en las hojas, sentimos su roce en la piel y escuchamos su silbido en los oídos; pero si el aire está quieto, nada traiciona su sutil presencia.

El aire nos suministra todo lo que vemos y oímos, pues es el medio por el que viajan las ondas de luz y sonido. Nuestro sentido del olfato también es un regalo del aire, que nos conecta con nuestro pasado y con un montón de sensaciones, pues el olfato es el sentido más intuitivo. Está unido a la raíz cerebral reptiliana, así que el olorcillo de un aroma puede evocarnos todo un espectro de respuestas (un perfume, por ejemplo, nos puede hacer retroceder muchos años, recordando vivamente emociones e imágenes que creíamos olvidadas). El aire, por tanto, nos aportan el regalo de la memoria.

El aire va asociado al pensamiento, a la comunicación, a las ideas y el movimiento. El nombre genérico de los espíritus del aire es “sílfides”: Elfos de gran tamaño algunos y diminutos otros, todos ellos disfrutan de su libertad, inteligencia, y velocidad . Son la manifestación pura del elemento aire: se mueven más que el mercurio, y son ligeros como… ¡El aire! Estos seres diáfanos quieren que nos despertemos, nos liberemos y que pensemos, pero no tan laboriosamente como en nuestra cultura, en la que establecemos hechos sobre hechos para construir lo que consideramos un edificio de conocimiento; las hadas o sílfides saben que, al llegar a los mundo etéricos, ese “conocimiento” no vale de nada. Las sílfides aportan inspiración, revelación, nuevas perspectivas, y risas. Quizá lo más fácil sea ignorarlas, taparse los ojos con el sombrero y mirar al suelo, pero las sílfides tirarán de de tu abrigo, te susurrarán al oído y harán gracias a tu alrededor hasta que te decidas a levantar la vista y a usar la cabeza. Ahora inhala profundamente y vuela con las sílfides.