Culto a las armas. Dicen los clásicos que de los Iberos nos vienen los nombres de espada, lanza y anillo, siendo la primera famosa por su buen temple. Para probarla se la ponían sobre la cabeza y sujetaban los extremos con ambas manos, encorvándola hasta que llegase a los hombros.

Falcata íbera, soliferrum y puntas de lanza

Los romanos la adoptaron con el nombre de gladius hispaniensis aunque perdiesen la vinculación mágica que la unía a su dueño. Los guerreros iberos preferían la muerte a tener que entregar sus armas: Falcata y soliferrum eran incinerados junto con el difunto, para que pudiese seguir usándolas aún más allá de la vida. El significado de «Falcata» es el de «compañera» o «bienamada».

Se han encontrado falcatas con inscripciones y grabados mágicos en plata. Una de ellas procede de Almedinilla (Córdoba), con un Ave en fibras de plata grabado en la punta. Muestra líneas curvas, eses, líneas quebradas y pequeños triángulos estampados. Es notable también la que se halla en el Museo de Prehistoria de Valencia doblada -quizás por tratarse de una ofrenda funeraria- y con una inscripción en ibérico. líneas onduladas, hiedras y corazones entrelazados y series de triángulos graban sobre su frío hierro ideas milenarias y profundas.