Un alma sin voluntad…
… Así abandona su anhelo la Gran madre, después del esfuerzo de la cosecha…
Enrojece, tímida, conmovida ante su Esposo eterno:

«Ahora te marchas, hemos de separarnos de nuevo. Regresa Amado, al Arawun, yo vagaré perdida envuelta en los vientos del Otoño hasta tu vuelta…»