PIEDRAS ORADADAS, “PIEDRAS DE RAYO”.

La tradición ancestral de las PIEDRAS FERTILIZADORAS y la devoción por las piedras, ha sido sustituida o al menos (CONTAMINADA) por una teoría nueva.

Un ejemplo de ello es la costumbre (que se ha conservado en Europa hasta nuestros días) de hacer pasar al recién nacido por el orificio de una piedra ((ef. Hanna Rydh, Simbolins in Mortuary Ceramics, 110). Es indiscutible que este rito hace referencia a un “renacimiento” entendido o bien como un nacimiento debido a la piedra, símbolo de la MATRÍZ DIVINA, o bien a un renacimiento debido a un SÍMBOLO SOLAR.

Los pueblos PROTOINDOEUROPEOS de la India consideraban las piedras horadadas como emblemas del YONI (Vagina), y la acción ritual de pasar por el orificio implica una REGENERACIÓN obtenida por mediación del principio CÓSMICO FEMENINO.

Las PIEDRAS DE MOLINO culturales de la Prehistoria escandinava desempeñaron quizá una función semejante.

Las PIEDRAS HORADADAS tienen además un simbolismo SOLAR. Son asimiladas a la PUERTA DEL MUNDO, que también el ALMA PUEDE TRASPASAR.

El orificio de la piedra se llama LA PUERTA DE LA LIBERACIÓN (muktidâra), pero, en todo caso, esta fórmula no puede aplicarse a un renacimiento por la MATRIZ DIVINA, sino únicamente a una liberación del cosmos y del ciclo kármico, liberación que va implicada en el simbolismo solar.

Estamos ante un simbolismo que denuncia un sentido distinto al del RITO ARCAICO del paso por la piedra horadada.

La PIEDRA HORADADA es el símbolo de la DIOSA, y es un símbolo arcaico del LUGAR CONSAGRADO, del altar primitivo, y se extiende por toda el área indomediterránea.

En muchas regiones se considera a las PIEDRAS METEÓRICAS, como emblemas y signos de fertilidad. La creencia es que ciertas piedras han caído del cielo y favorecen la lluvia; por eso en épocas de sequía se les ofrecen sacrificios. En muchos pueblos se encuentras costumbres análogas, donde la PIEDRA tiene un valor religioso, y se debe al origen, ya que caen del cielo (zona sagrada y fértil por excelencia) Caen del cielo al mismo tiempo que el rayo, que trae la lluvia. Están basadas en su origen meteórico o en las analogías que parecen existir entre ellas y ciertas fuerzas, formas o seres que rigen la lluvia.

En Kota Gadang (Sumatra), por ejemplo, existe una piedra que tiene un vago parecido con un gato. Relacionando este hecho con el papel que desempeña un gato negro en ciertos ritos para obtener lluvia, cabe suponer que dicha piedra tenga el mismo poder.

Un análisis detenido de las innumerables “piedras de lluvia” pone siempre al descubierto la existencia de una “teoría” que explica su poder para gobernar las nubes; unas veces es su forma (que tiene cierta “simpatía” con las nubes o con los rayos), otras el haber pertenecido a los “antepasados”; a veces, el haber sido halladas en el agua o el hecho de que su forma recuerde la de una serpiente, una rana, un pez o cualquier otro emblema acuático, sino en que participan de un principio o encarnan un símbolo, traducen una “simpatía” cósmica o revelan un origen celeste. Esas piedras son signos de una realidad espiritual distinta o instrumentos de una fuerza sagrada de la que la piedra no es sino el receptáculo.

Entre los CELTAS, tenemos la piedra de Muxia. La leyenda cuenta que la costa de Muxia, a la altura del cabo Vilano estaba el final del mundo, el final de la tierra.

Para ellos la piedra era el símbolo de lo eterno, de lo no perecedero y en algunos lugares de esas costas existen, como una vieja e irrenunciable memoria, piedras sagradas, altares naturales donde se celebraban los ritos. Formas y estructuras que parecen talladas por la mano de los dioses para que nadie olvide.

En Muxia esta una de esas piedras.

Cuenta leyenda que la llamada “piedra de abalar” era uno de esos altares y se le atribuyen poderes mágicos.

Una piedra que no pueden mover ni cien hombres y que se mueve sin que nadie la toque, dicen, cuando se avecinan naufragios o desastres.

Hay quien jura haberla visto girar levemente hacia el norte, pocas horas antes de que el Prestige enlutara esas playas.

La piedra ya estaba ahí y ya era venerada cuando la iglesia católica levanto la ermita. No se atrevió a cristianizarla con cruces porque, ya por entonces, la gente peregrinaba hasta ella.

Intentaron desviar la atención hacia la capilla y adjudicarle los hechos milagros, las curaciones sobre todo. Pero no lo consiguieron. La gente sigue pasando por debajo de la piedra de Abalar las nueve veces que marca la tradición, para curar sus males, sobre todo los males que afectan a los riñones.

Los habitantes de Muxia, las gentes maravillosas de ese lugar donde siempre se pensó que terminaba el mundo, bajan la voz cuando hablan de estas y otras historias.

PIEDRA MUXIA-2