LAS HILANDERAS
LA LUNA Y EL DESTINO

La LUNA, por el mero hecho de ser dueña de todas las cosas vivas y guía segura de los muertos, “TEJE” todos los destinos. No en vano aparece en los mitos como una inmensa araña. Porque “TEJER” no significa solo predestinar (en el plano antropológico) y ensamblar realidades distintas (en el plano antropológico), sino también CREAR, hacer salir de la propia sustancia, a la manera como la araña produce de sí misma su tela.

¿No es la LUNA la creadora inagotable de las formas vivas? Ahora bien, como todo lo “TEJIDO” las vidas pertenecen a su conjunto: tienen un Destino: Las MOIRAI, que hilan el destino, son divinidades lunares. Homero (Odisea VI, 197) las llama “LAS HILANDERAS”, y una de ellas lleva incluso el nombre de KLOTHÓ, es decir, “hilandera”.

Probablemente fueron en su origen divinidades del nacimiento, pero la especulación ulterior hizo de ellas la personificación del Destino. Sin embargo, su estructura lunar no se ha perdido nunca del todo.

Profirio dice que las MOIRAI dependen de las fuerzas lunares, y un texto órfico las considera como formando parte de la luna.

En las antiguas lenguas germánicas, uno de los términos con que se designa el “DESTINO” (antiguo alto alemán, “wurt”, antiguo noruego, “urdhr”, anglosajón “wyrd”, deriva de un verbo indoeuropeo: UERT, “girar”, del que proceden los términos del antiguo alto alemán WIRT, WIRTL, “Huso”), “RUECA”; el holandés WORWELEN, “girar”.

Claro está que aquellas culturas en que las grandes diosas han acaparado las virtudes de la LUNA, de la TIERRA y de la VEGETACIÓN, el HUSO y la RUECA con que hilan los DESTINOS de los hombres se convierten en uno de tantos atributos suyos.

Tenemos por ejemplo la diosa con el HUSO encontrada en Troya entre el 2000 y el 1.500 a.C. Este tipo iconográfico está muy difundido en Oriente. Aparece la RUECA en manos de ISHTAR, de la Gran Diosa hitita, de la diosa siria. ATARGATIS, de una divinidad chipriota primitiva, de la diosa de Éfeso.

El DESTINO, hilo de la vida, es un periodo más o menos largo, de “tiempo”. De ahí que las GRANDES DIOSAS pasen a ser dueñas del tiempo, de los destinos que ellas forjan a voluntad. En Sánscrito, el tiempo se llama KÁLA , término que se parece mucho al nombre de la Gran Diosa KÁLÍ. (Incluso se han relacionado los dos términos).

KÁLA significa también “negro”, “sombrío”, “manchado”. El tiempo es “negro” porque es irracional, duro, sin piedad. El que vive dominado por el tiempo está sujeto a toda clase de sufrimiento, y la liberación consiste ante todo en abolir el tiempo, en evadirse del cambio universal.
Según observamos, la humanidad está ahora en el lado “oscuro”, es decir en la “Edad sombría”. Época de confusionismos y de total decadencia espiritual, última etapa de un ciclo cósmico que se cierra.