CONJURO DE AMOR … Desde las altas cumbres miras los abetos nevados. y plateas con tu luz el agua del río, que perezoso se deja llevar a su morada. Te vistes al levantar la noche con blancas ropas, y apareces radiante ante mis ojos. ¡Oh adorada Luna! Madre de todo. Los hombres mortales y los inmortales se aterran ante tu mirada. Señora de la muerte y el sepulcro. Tú eres la lechuza astuta, la cerda blanca y el halcón volador. ¡Ven ahora ante mi! Tráeme un regalo de amor, un regalo de amor que haga estremecer mi corazón. Yo soy tu sacerdotisa, ¡oh Diosa escúchame! Yo soy quien contigo rebusqué por toda la tierra, hasta encontrar el cetro del reino superior, el que golpea las tinieblas, el conductor del trueno, la luminaria de la noche, el golpeador de las rocas cuanto tu las miras. El causante de los seísmos que destruyen las murallas, y el que produce el desorden en la profundidad del mar. Yo Madre, soy tu guerrera, la portadora de la Espada Refulgente. Y ahora ante ti, estoy vencida de amor. Trae a mi vida el verdadero Amado haz que escuche mis cantos. Tres veces diré su nombre. Que el eco y el espejismo lo recojan, y llegue a sus oídos. SOZ AUKU
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Categoría: Blog de Luna
La casa de barro
Soy escultora, moldeo la forma. A cada momento doy forma a un ídolo. Pero entonces, frente a ti, las fundo todas. Puedo despertar mil formas y llenarlas de espíritu, pero cuando miro en tu rostro, quiero echarlas al fuego. Mi alma se vierte en la tuya y se mezcla. Porque mi alma ha absorbido tu fragancia, es preciado para mí. Cada gota de sangre que derrama mi corazón, informo a la tierra que me vuelvo una con mi Ser Amado cuando tomo parte en el Amor. En esta casa de agua y barro, mi corazón ha caído en ruinas. Entra en esta casa, mi Amor, o déjame partir.
Akelarre. Luna llena de enero
AKELARRE LUNA LLENA DE ENERO ¡Oh divina Reina! Que fuiste sembrada por el Tiempo. Concebida por Maeve, guardada por Endovélico, parida por Danu, alimentada por la lluvia de Llir. Creciste gracias al Dios Sol y al rocío. Tú eres el rocío de todos los Dioses, tú eres el corazón de Lug, Tú eres la simiente de los Dioses primeros. Tú eres el ojo del volcán. Tú eres la luz de la noche, tú eres la belleza y la gloria de los astros. Como tú exaltas a las sombras, así te exaltaste a ti misma y levantaste igual que el Sol se levanta cada día. Tu tamaño coincide con la mitad del camino del mundo, tus raíces son como las del abismo. Tus fuerzas están en el corazón de las estrellas Tus partes leñosas son los huesos de Bran y tus flores son los ojos de los seres del aire. Tu semilla es la semilla de Kernunnos. Yo te lavo con resina igual que a los dioses, también para mi salud, queda purificada con mis oraciones y danos fuerza como se la da el rayo al trueno. Divina reina a la que los hombres llamamos Luna.
Dido, reina de Tartessos. La civilización Tartésica
La antigua Gadir-fenicia, era un centro de amplia área socio-económica con sus propias características culturales situada en el extremo Occidente de la Península Ibérica, área hasta ahora conocida como el “Círculo del Estrecho”; también desarrolló de forma paralela un ambiente de cultura intelectual y literaria de tradición fenicia cuyo centro era Gadir y, más en concreto, el Herakleion (Templo de Hercules-Melkart-Erakles) gaditano, por lo que parece más adecuado denominarla “Circulo de Gadir”. La cultura fenicia llegada de Tiro a la antigua Turdetania, llego a ser una simbiosis tan poderosa que su cultura tendríamos que llamarla tartésico-fenicia. Es por ello que hoy repasaremos una leyenda que como todas ellas guardan una gran enseñanza. Se trata de “La leyenda de la reina Dido” Dido, la lelgendaria reina norteafricana de la ciudad de Cartago, era hija de Mutto, rey de la ciudad fenicia de Tiro. Su significado mitógico se debe a su trágico amor con Eneas, quien después de huir de Troya pasó un tiempo con ella en el norte de África. Dido tuvo que huir de su tierra después de que su hermano Pigmalión matase a su marido; huyó con su hermana Ana y un grupo de leales, acampó en la actual Túnez, en la costa del norte de África. Iarbas (Jarbas), un rey local, estaba dispuesto a venderle un trozo de tierra a condición de que no fuese más grande que la piel de un toro. La astuta Dido cortó en¬tonces la piel de un toro en pequeñas tiras y demarcó el lugar sobre el que quería fundar la ciudad de Cartago. Cuando la ciudad se hallaba en construcción llegó Eneas. Su barco se había alejado de su ruta debido a una tormenta sobre la costa de Italia. El apasionado ro¬mance que surgió entre ellos durante una cacería interrumpida por una tormenta que les obligó a refugiarse en una cueva, le hizo concebir esperanzas de que él se convirtiese en su marido. Eneas sentía lo mismo hacia ella, pero los dioses le recordaron que su destino estaba en Italia para fundar un nuevo reino. Eneas, temeroso de los dioses, obedeció y dejó a Dido que, ofendida y deshonrada, se encaramó a su pira funeraria y se apuñaló con la espada que le había regalado Eneas. Hay otra versión es la que aparece en la Eneida de Virgilio. Eneas llega a la costa de Cartago, Dido se enamora de él enseguida y Eneas la corresponde. Pasan un tiempo juntos, pero Eneas, que ha recibido de Júpiter la misión de fundar un nuevo pueblo en el Lacio, debe partir hacia su destino. Una noche, Eneas embarca con su gente y Dido corre a convencerlo de que permanezca a su lado, mas en vano. Le ve partir y ordena levantar una gigantesca pira, donde se disponen la espada del héroe, algunas ropas suyas que habían quedado en palacio y el tronco del árbol que custodiaba la entrada de la cueva donde se amaron por primera vez. Al amanecer subió a la pira y se hundió en el pecho la espada de Eneas. Tras su muerte, su hermana Ana, que había intentado disuadirla del suicidio, ordena a su vez prender la pira funeraria. Acerca de esta segunda versión, el poeta Ovidio dedicó una epístola en sus célebres Heroidas, la VII (carta de Dido a Eneas), donde la fundadora de Cartago manifiesta su intención de suicidarse ante la partida y traición de Eneas Durante los siglos I y II a.C. se produjeron diversas guerras entre los descendientes romanos de Eneas y los cartagineses de Dido. Esta dramática historia de amor fue recordada no sólo por Virgilio, sino por muchos artistas que se inspiraron en ella. Los generales romanos recordaban a sus soldados la trágica historia de la reina Dido, para aleccionarles sobre los peligros que hay en la pasión amorosa descontrolada.



